La intranquilidad que genera calificar

Begoña Learreta, ponente en diversas actividades formativas del CTIF Madrid Norte, nos aporta este artículo con interesantes reflexiones sobre la evaluación.

Todos los procesos de evaluación generan intranquilidad al profesorado: o bien porque no nos consideramos todo lo justos que deberíamos, o bien porque en este proceso nos surgen dilemas que nos incomodan, o bien porque las familias nos presionan con este asunto… el caso es que la evaluación se ha convertido en algo que nos “duele”, sin contar el amargor que produce las tediosas horas que hay que dedicar a corregir exámenes… Y todo esto se complica si hablamos de evaluación por competencias, estándares de aprendizaje, criterios de calificación, o evaluación formativa… un montón de términos que pueden llegar a complicar más que a ayudar. Quizá esto debería llevarnos a reflexionar sobre ella.

La evaluación ha perdido su esencia en la medida en que se maneja tan sólo como un concepto vinculado a la calificación, que sólo se entiende para generar un número con implicaciones como suspenso, aprobado, medias, pasar, repetir… sin embargo, el gran valor que posee una evaluación capaz de dar información al alumnado sobre lo que debe reforzar, mejorar, replantear, etc. se debilita.

Se identifica la evaluación continua con las calificaciones sucesivas, y eso es un grave error. Cuando un alumno o alumna realiza una actividad, que no le sale todo lo bien que esperaba, consigue una mala calificación, que impactará en su calificación final (de trimestre, por ejemplo). Quizá el proceso de aprendizaje no “rodó” lo suficiente como para que ese resultado parcial fuera mejor; quizá al final del trimestre, aquel aprendizaje se haya superado y sin embargo aquella nota parcial del momento siga ejerciendo una influencia negativa que aporta grandes perjuicios.

Estaría bien generar procesos asociados a evaluación formativa en la que el profesorado fuera dando continua información al alumnado sobre cómo mejorar sus producciones, sus aprendizajes, sus intervenciones, porque esto sin duda mejoraría.

El salto que hay que dar de la evaluación a la calificación no es sencillo. Es necesario y debe estar presidido por la coherencia pedagógica.

Estaría bien también generar procesos de evaluación más cualitativos, donde el resultado no fuera fruto de cálculos matemáticos sino la consecuencia de una valoración más global y holística, que desencadenara en lo que podría llamarse “sistema de empaquetamiento” por el cual el profesor/a ha definido desde el primer momento lo que supone obtener sobresaliente, notable, bien, etc… con indicadores cualitativos. La descripción del paquete “sobresaliente” podría ser, a modo de ejemplo:  “obtener más de un 8 en todas las pruebas que se hagan; haber traído cada día el trabajo propuesto; haber evidenciado los niveles más altos en una escala relativa a alguna competencia relevante en la asignatura; haber mejorado cada producción/actividad o trabajo, a raíz de la corrección hecha por el docente y haber hecho una aportación personal creativa, de carácter voluntario, en relación con cualquier parte del temario, que demuestre lo aprendido. Se trataría de verificar si cada uno de los indicadores propuestos para el paquete, se cumplen o no, en un sentido más holístico. La evaluación resultante sería más global. Así podrían describirse cada una de las calificaciones, implicando aspectos de diferente naturaleza, para incorporar competencias y garantizar la evaluación formativa.

Begoña Learreta. Funcionaria del cuerpo de Secundaria y Directora de Formación de Renovacentia. Ha colaborado como ponente en las siguientes actividades formativas:

Curso LA EVALUACIÓN BASADA EN COMPETENCIAS APOYADA CON LAS TIC (CTIF Norte).

Seminario PEDAGOGÍAS ACTIVAS. POR UN NUEVO MODELO DE APRENDIZAJE  (CP INF-PRI «Ntra. Sra. del Remolino» El Molar).

PFC INTEGRANDO LAS COMPETENCIAS EN EL AULA (CEIP  Infanta Leonor, San Agustín de Guadalix).

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