¡Educar para Ser un curso más!

Hace ahora un año que el proyecto de investigación Educar para Ser llegó a 15 colegios de la Comunidad de Madrid. Cerca de mil niños de cuatro años de edad conocieron a Flama, Moni, Lulo, Nequi y a la maestra Vera. Con estos nuevos amigos aprendieron a enfriarse cuando les domina la ira, la importancia del esfuerzo para poder cumplir tus sueños, a identificar sus emociones, a desarrollar estrategias para gestionarlas. Con sus nuevos amigos se divirtieron y, precisamente por ello, aprendieron.

La acogida que tanto los maestros como los niños han dado a Flama y sus amigos ha sido tan buena que este curso que ahora comienza serán muchos más los niños y las niñas que conozcan a nuestros protagonistas. Por un lado, los niños de cuatro años de otros 15 centros educativos de la Comunidad de Madrid, que están a punto de conocer a Flama y sus amigos. Por otro lado, los niños que les conocieron el curso pasado seguirán jugando con nuestros protagonistas ahora que tienen o van a cumplir cinco años de edad, al tiempo que los niños y las niñas de cuatro años tendrán la oportunidad de comenzar a disfrutar con nuestros personajes.

En nombre del equipo de investigación responsable del proyecto Educar para Ser quiero dar las gracias a maestros, padres, madres, niños y niñas de la Comunidad de Madrid por su acogida. Hemos trabajado y seguiremos trabajando muy intensamente para corresponder tanto cariño y para que los niños y las niñas que participan en el proyecto sigan, por medio del juego y la motivación que encuentran en nuestros personajes y actividades, que descansan en la música, el arte y la expresión corporal, mejorando sus habilidades no cognitivas.

El Departamento de Educación de los Estados Unidos definió en 2013 las habilidades no cognitivas como el conjunto de atributos, disposiciones, habilidades sociales, actitudes, capacidades y recursos personales independientes de la capacidad intelectual. Estas habilidades, estrechamente relacionadas con las denominadas funciones ejecutivas del cerebro, han demostrado ser igual, o incluso más importantes para determinados grupos sociales como los niños que vienen de hogares en riesgo de exclusión social [1], tienen dificultades de aprendizaje y/o necesidades educativas especiales, que el mucho más célebre coeficiente intelectual como determinantes del bienestar individual y social.

A pesar de la incontestable evidencia a favor de la relevancia de las habilidades no cognitivas y de la necesidad de su estimulación, sobre todo desde edades tempranas, el modelo de escuela vigente sigue centrado en la acumulación progresiva y secuencial de conocimientos reglados. Esta forma de concebir la educación, más acertada para un país de incipiente industrialización que para uno que aspira a un cambio de modelo productivo centrado en la innovación, la creatividad el emprendimiento y el trabajo en equipo, deja en manos del criterio, el voluntarismo y la personalidad de cada maestro, y de cada estudiante y su familia, aspectos cruciales como la motivación de los estudiantes, su autoconfianza, la estimulación de su control inhibitorio, de su memoria operativa, flexibilidad cognitiva, su capacidad de planificación, etc.

El objetivo de nuestro proyecto Educar para Ser es crear una cultura de centro educativo que contribuya a la estimulación de las habilidades no cognitivas de los estudiantes desde los 4 años de edad, momento en el que se produce un desarrollo exponencial de la habilidad de autorregulación del niño. Al formar a los maestros de un centro educativo en las buenas prácticas conducentes a la estimulación de las habilidades no cognitivas estamos contribuyendo no solo al desarrollo cognitivo, emocional y social de todos los estudiantes, sino también a crear comunidades educativas en las que la inclusión de los niños con dificultades de aprendizaje, necesidades educativas especiales y/o que provienen de hogares en riesgo de exclusión social es más probable.

Así, nuestros amiguitos de 4 y 5 años de la Comunidad de Madrid van a seguir conociendo las emociones con Flama y sus amigos, desarrollando estrategias óptimas tanto individual como socialmente para la gestión de sus emociones, desarrollando la empatía y, lo que es aún más importante para la mejora de su bienestar y de la convivencia escolar, la compasión, que va un paso más allá y convierte a los niños en sujetos proactivos que no solo reconocen las emociones ajenas, sino que actúan para procurar el bienestar ajeno.[2]

Vamos a contarles que, tal y como ha quedado constatado en numerosas investigaciones, el esfuerzo es más importante que la capacidad intelectual para lograr tus metas y sueños. Por eso nuestros niños, porque así los sentimos con el permiso de sus padres, se hacen cumplidos entre ellos pero solo a aquellas acciones que tienen un componente de esfuerzo o cooperación, no a características físicas innatas (estatura, peso, color de ojos, etc.) o a cuestiones subjetivas (guapo, feo, etc.).

Les contaremos que algunas palabras están vacías. Estas palabras suelen significar cosas muy diferentes para cada persona. Por ejemplo, las palabras guapo o feo, o las palabras listo o tonto. Las dos primeras son subjetivas, mientras que las dos últimas se suelen utilizar para identificar a la persona con sus resultados, algo muy peligroso si realmente queremos que los niños perseveren, que se esfuercen y mejoren.

Aprenderán con Flama y sus amigos que su cerebro es como un músculo que se hace más y más fuerte cada vez que te esfuerzas, que pones ilusión y ganas en lograr un resultado. Sabemos que los niños que crecen pensando que los buenos resultados académicos se deben a que son listos tienen miedo a ponerse a prueba en nuevos contextos por temor a bajar el rendimiento, lo que va en contra de su creatividad y se frustran cuando otros estudiantes obtienen mejores resultados o sus resultados no son los habituales, porque si los buenos resultados indican que soy listo, unos resultados inferiores no hablan bien de ellos. Nuestros niños crecen sabiendo que eso no es así, sino que la motivación y el esfuerzo son la clave de nuestra mejora.[3]

Les hablaremos de la Receta de la Felicidad, que les dará las cuatro claves para ser feliz, todas ellas extraídas de la combinación de las literaturas científicas sobre felicidad y sobre evaluación de políticas, para identificar las intervenciones realmente eficaces de aquellas con apariencia de eficacia.

Enseñaremos a los niños, en la línea de las investigaciones de Spivack y Shure, y por medio de nuestros personajes, a desarrollar el pensamiento causal y la flexibilidad cognitiva, anticipando las posibles consecuencias de sus actos, las posibles reacciones de los demás a esos actos, buscando estrategias óptimas para lograr sus objetivos tras una reflexión causal. Los estudios de Spivack y Shure demostraron que la capacidad para anticipar las consecuencias de nuestros actos y buscar estrategias alternativas para un mismo fin es un predictor fundamental de la habilidad de autorregulación de los niños, y que era independiente de la capacidad intelectual del niño. Trabajando así hacemos más probable que la mejora en la capacidad de autorregulación del niño se transfiere a los problemas interpersonales, a la realidad.

Nuestro programa ensalza la diversidad en todas sus formas, enseñando a los niños algunos mantras que repiten utilizando la lengua de signos, mostrando el día a día de los niños con autismo, como nuestro niño jirafa Nequi, la importancia de la anticipación y de los apoyos visuales para ellos, la riqueza que supone la diversidad cultural, etc.

Asimismo, trabajamos explícitamente la igualdad de género mediante cuentos y actividades en las que nuestros niños refuerzan la idea de que todos somos iguales, de que no hay juguetes o trabajos de hombres o mujeres, actividades en las que hacemos explícita y visible la contribución de la mujer en general, y de determinadas mujeres profesionales en particular, al desarrollo y bienestar humano.

Resumiendo, el presente proyecto interviene a edades tempranas y de forma sostenida en el tiempo para evitar que esas disfunciones ejecutivas tempranas causadas por el entorno, por un trastorno de desarrollo o una dificultad del aprendizaje se acentúen, con el consiguiente beneficio en reducción de problemas emocionales y de comportamiento y, por tanto, con la consiguiente mejora en convivencia y rendimiento académico.

Como buenos investigadores, trabajamos para comprobar la eficacia de nuestro programa que, aunque está basado en la evidencia científica, ha de ser evaluado y mejorado de forma permanente.

Termino confesándoles que tenemos muchas más cosas preparadas, siempre sobre la base de la evidencia científica, para los próximos cursos. Programas y actividades que, con la excusa de nuestros personajes, y de los que están por venir, ayudarán a los niños a desarrollar la función ejecutiva del lenguaje por medio de las autoinstrucciones, a mejorar determinadas habilidades tanto cognitivas como emocionales y sociales por medio de las tutorías entre iguales, a conforman expectativas de logro educativo, aprender a planificar y, en definitiva, a lograr lo que Sir Ken Robinson define como la finalidad de la educación: capacitar a los alumnos para que comprendan el mundo que les rodea, descubrir y conocer sus talentos naturales para realizarse como individuos y convertirse en ciudadanos activos y compasivos. Permítannos acompañar a sus hijos en ese proceso para, desde la evidencia científica, contribuir a que el resultado sea el mejor posible.

[1] La evidencia contenida en Raver, Blair y Willoughby (2013) pone de manifiesto que los niños de cuatro años de edad en hogares en riesgo de exclusión social acumulan, a esa temprana edad que marca el comienzo de su etapa educativa, hasta un 10% menos de desempeño en atención sostenida, memoria de procedimiento y control inhibitorio que los estudiantes que crecen en hogares sin ese riesgo. Farah y otros (2006) demuestran que esas diferencias llegan a ser de más del 50% en memoria de procedimiento y control inhibitorio entre niños de clase social baja y media a los 10-13 años de edad.

[2] La investigación de Richard J. Davidson  y coautores, entre otros, ha demostrado que las conexiones neuronales que se activan cuando trabajamos la empatía no son las mismas que las que se activan cuando educamos en la compasión, siendo esta última la formación más eficaz para mejorar la convivencia y luchas contra el acoso escolar.

[3] Para más información sobre este tema pueden consultar la obra de Carol Dweck o, en general, la literatura sobre Mentalidad de Crecimiento o Growth Mindset.

Autor: Ildefonso Méndez (Investigador principal de la Cátedra Astral de la Universidad de Murcia)

Convocatoria Proyecto “Educar para Ser” Curso 2018-19

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